Aislarse del mundo

Estos días metería la cabeza en un agujero y no la sacaría hasta que toda la pesadilla del Coronavirus hubiera terminado, pero quizá no sea la opción más positiva precisamente y hay que encararlo todo con optimismo y con ganas de superar una crisis, que como tal debe hacernos aprender para que se convierta en una nueva oportunidad para conseguir ser mejores.

Todos tenemos una actividad o válvula de escape que nos permite evadirnos de alguna manera de la rutina, es esa actividad que hace que no lo mandes todo a freír espárragos y que te renueva, para muchos esa actividad viene en forma de deporte, ya sea en el gimnasio o al aire libre, los que caminamos o corremos estamos un poco fuera de sitio durante el estado de alarma, nos han enclaustrado en nuestras viviendas y suerte de los que contamos con bicicleta estática, elíptica o piscina…, pero igualmente no es ni mucho menos comparable.

Ese rincón, ese lugar recóndito, rodeado de naturaleza, o en la playa, donde perderse, donde poder cerrar los ojos y creer, por un instante, que estás en otro plano distinto de la realidad, un plano mejor, en el que únicamente estás tu y ese escenario bucólico.

Ese aislamiento del resto es lo que ha conseguido que durante mucho tiempo fuera capaz de soportar el estrés, la frustración, la ira o cualquiera de los otros males que son inherentes al ser humano, pero contra los que hay que lidiar para que seamos personas y no monstruos (esto me ha quedado muy exagerado tal vez…).

Ese rinconcito al que me refiero es bastante complejo encontrarlo en una casa en la ciudad, aunque me temo que el que más puntos tiene últimamente es la terraza, y así, ese lugar que hasta hace muy poco solamente estaba destinado a tender la ropa, y cuya extensión teníamos prácticamente desaprovechada, ahora se ha convertido en un punto clave para hacer deporte, tomar el sol, sentarse en la mesa a hacer un vermouth o conocer a los vecinos, que están igualmente en sus balcones y terrazas, buscando precisamente ese espacio en el que poder, aunque sea por un nanosegundo, evadirnos de la dura realidad.

¡Sigamos con optimismo, a por el lunes y a por la semana!

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