El viaje iniciático

No puedes más y tocas fondo, intentas respirar pero hay algo que te asfixia, no es que tengas problemas respiratorios, todo está en realidad en tu mente, te bloqueas, sientes el sudor frío del agobio y el estrés, parece que te encuentres en un laberinto sin salidas, nada más lejos de la realidad.

Abres los ojos e intentas que el día sea distinto, has tomado la determinación de cambiar, de ser mejor que ayer, mejor que antes, de convertirse en esa persona que realmente quieres ser.

A no repetir los malditos errores del pasado, a no tropezar de nuevo en la misma piedra, al antes y después del confinamiento, de la pandemia, a no desviarte del camino que va marcando tu corazón o a intentar poner un poco de razón sobre él.

Y antes de que lo pienses pasarán las horas, los días, las semanas y los meses, y en nada hará un año de todo, y entonces todo ese problema que te producía una angustia terrible se habrá transformado en una simple anécdota y habrás conseguido pasar página.

Básicamente así es la vida, llena de subidas y bajadas, de errores y aciertos, de razón, pasión y algo de locura, de caer y volver a levantarse, de tener la oportunidad de comenzar de cero, de ese viaje iniciático que todos esperamos tener en algún instante, en el que de golpe volvamos a tener la oportunidad de creer de nuevo en aquello en lo que habíamos dejado de creer.

Antes que después volveremos a ser felices, porque todos merecemos sonreír, todos y cada uno de nosotros merecemos que lo bueno nos envuelva…

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