La honestidad

Ser honesto es una virtud, pero es una virtud que aunque no lo parezca me trae muchas veces por el camino de la amargura, decir la verdad es lo correcto, pero al mismo tiempo es lo que puede acabar contigo.

Hay personas que son capaces de mentir, no les importa, y parece que tengo un don para detectarlo, para saber si me están ocultando algo, son muchos años de lenguaje no verbal, pero también de cierta intuición, y sí, no soporto a los mentirosos.

“Verba volant, scrīpta mānent”… las palabras vuelan, lo escrito permanece, y ahí queda todo lo que voy poniendo por aquí, a pesar de que en ocasiones no tenga un filtro y sea lo que piense, directamente, sin saber si eso puede traer consecuencias o no.

No le tengo que dar explicaciones a nadie de lo que he sentido, ni de mis altibajos emocionales, ni de pensar demasiado y darle vueltas a todo, me niego a hacerlo, por eso no pediré perdón, porque ya me he perdonado hace tiempo.

Y si alguien quiere saber la verdad, mi verdad, mi prisma, mi punto de vista, solamente tiene que preguntarme abiertamente, que diré las cosas, como costumbre, de cara, y con sinceridad, aunque eso me cueste luego pagar las consecuencias, pero aún así será siempre mejor que mentir.

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