Lecciones de vida

Hay una idea, de esas que va tomando forma a medida que va pasando el tiempo, que básicamente dice algo así como “es imposible aprender nada más si te piensas que lo sabes todo” y que prácticamente es aplicable en cualquiera de los aspectos de la vida.

Este año he aprendido muchísimo y de muchas personas distintas, en distintas situaciones, no solamente por el tema pandémico.

Lo que queda claro es que nadie es perfecto, pero aceptarlo es igualmente estar un poco más cerca de esa perfección, siempre inalcanzable, imposible, frustrante en algunas ocasiones.

Tengo claro que mis debilidades se pueden convertir en fortalezas, aunque para ello hay que trabajar mucho, no es un chasquido de dedos y el tiempo que se necesita para ello es muy indeterminado, pero se puede hacer, claro que se puede.

En estos meses he aprendido a reír, a reírme de mí mismo, de las situaciones, de la luz que algunas personas irradian, de tomar nota de ello para ver si se me pega algo, y en ese camino me he ido perdiendo, a veces, y otras me he vuelto a encontrar.

Quien no haya pensado un poco en todo durante el confinamiento tiene mucha suerte…

Y de acordarme de situaciones vividas, de algunas personas que me han aportado algo en todo este tiempo, o simplemente de tener más claras que nunca las cosas.

Al final he sacado una valiosa conclusión que lo importante es saber lo que realmente es importante, y que tengo una vida maravillosa tal y como estoy y rodeado de las personas a las que más quiero.

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