Sonrisas invisibles

No sé vosotros, pero yo comienzo a imaginar como será el día D, esperanzado, con ganas, me aferro a él como si fuera un deportista lesionado que vive obsesionado con su debut tras la recuperación.

Y ese día en cuestión no será como una restauración del anterior al del confinamiento, no espero volver al mismo punto donde lo dejamos todo, será distinto.

Espero encontrar, eso sí, algo de luz en los ojos de las personas que me encuentre, producida por la alegría de volver a salir, aunque eso sí, serán sonrisas invisibles, tapadas por las mascarillas.

El miedo, el temor producido por ese enemigo al que no percibimos, pero que existe, y que ha hecho cambiar nuestros hábitos y salir de nuestra zona de confort hasta una especie de limbo repentino, que es donde nos encontramos ahora, puede ser peor aún que la propia enfermedad.

Desde luego no estamos acostumbrados a este tipo de situaciones, al menos en nuestra generación, pero está claro que la historia se repite, una vez más, y por tanto lo que parece un cambio de paradigma radical a nuestros ojos, no es ni más ni menos que una reproducción de lo que antaño ya sucedió con otras epidemias.

Otro tema ya será el de los daños colaterales, el de la economía, la de los estados, pero sobre todo la de las personas, como afectará esto en nuestras vidas, igualmente a esos niveles, todavía por ver y le añade un grado de incertidumbre que lógicamente no gusta a nadie.

Pero yo por el momento me quedo en ese instante, en ese momento en el que de alguna manera por lo menos podamos salir a la calle y dar algo más de dos pasos, volver a encontrarnos aunque sea solamente para saludarnos, aunque tengamos que hacerlo sin abrazos ni besos, conformarnos por lo menos con esa libertad recuperada, y aunque sea difícil sonreír y hacer que a los que más les cueste, recuperen de nuevo esa sonrisa para que estén lo más radiantes posible.

 

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.