Tu refugio

Cierra los ojos e imagina un lugar, un espacio, un rincón, de este mundo o de otro, en el que seas feliz, en el que el tiempo se pare, en el que tu corazón y tu mente van al unisono y no desacompasados, en el que puedas sentirte libre, sin ataduras de ningún tipo, y prácticamente flotes en el aire, sin casi gravedad.

Y es que a menudo nos exigimos demasiado y acabamos pagándolo con nosotros mismos, o lo que es peor, con los demás, y si eso ocurre, sinceramente tienes un grave problema.

Personalmente encontrar ese lugar maravilloso en el que poder tener esa ansiada paz me ha costado unos cuantos años, pero existe, y aparece cuando descubres que en realidad no es algo material, que se trata más bien de un estado.

Y ese estado lo consigo cuando combino diferentes cosas y el resultado es ese flow, esa conjunción mística, que recorre todo tu cuerpo, que cura y revitaliza tu alma, es cuando soy capaz de correr rápido, escuchar al mismo tiempo una canción que me haga sentir, rodeado de un paisaje idílico.

Es ahí, en ese preciso instante, en ese momento, en el que mis debilidades se desvanecen, mi fragilidad ya no existe, y está rodeada por una coraza irrompible, pero que esta vez, a diferencia de la realidad, no se va fragmentando a medida que va pasando el tiempo.

De todos los momentos de mi vida, me quedo precisamente con ese en el que yo soy yo y lo demás da igual, en el que el mundo es un simple espectador y en el que la realidad la diseño únicamente yo mismo con mis zancadas.

Correr es mi refugio, una pista de atletismo, un sendero o el asfalto, son mis templos, y a medida que voy devorando km. se van cumpliendo mis sueños, aunque algunos de ellos ni siquiera los había llegado a imaginar.

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